jueves, 14 de noviembre de 2013

Ya no te reconoces en el espejo.......................! maldito monstruo ¡........

Cuando el espejo se ha convertido en tu enemigo, porque no te reconoces ante el, comienzas a discutir con esa imagen y la insultas, te enfadas enormemente......Hay que retirarte, para que no veas esa imagen que te altera, que te convierte en tu propia enemiga...........

Tan solo quien convive con esta enfermedad cada día, y padece sus estragos  es capaz de comprender a otro ser humano que este viviendo la misma situación.
Es algo que no puede ser, pero debería de haber una ley que prohibiera padecer esta enfermedad. 
! Cuidadores ¡, ! cuidadores ¡, somos su voz, su reclamo, su protesta, su descontento...........todo.............todo lo que sienten hemos de gritarlo para que la sociedad se entere, y despierten los que están dormidos.
Necesitamos prevención, necesitamos diagnósticos precoces................................................

¿Cómo va evolucionando el Alzheimer a lo largo de los años?

Después de la fase leve que ya ha sido descrita y que dura unos tres o cuatro años, el enfermo entra en la fase de intensidad moderada que va a durar lo mismo por término medio. Los cambios cognitivos se hacen mucho más evidentes e incapacitantes. Es muy habitual que el enfermo deje de ser consciente de sus propios fallos de memoria, aspecto que al mantenerse en la primera fase podía resultar doloroso pero ayudaba en el trato con el enfermo y facilitaba su atención.
Los fallos de memoria se hacen muy notables para toda la información reciente. El enfermo puede seguir recordando bien datos del pasado e incluso es muy llamativo que traiga constantemente esos recuerdos a cualquier conversación. En el lenguaje, la anomia es mucho más manifiesta y aparecen ya otros datos claramente disfásicos como parafasias. El enfermo utiliza una palabras por otras, mezcla fonemas o sílabas e incluso inventa palabras. La comunicación puede hacerse extremadamente difícil especialmente por la presentación de fallos graves en la comprensión. Los familiares y cuidadores deben entender bien la naturaleza de este trastorno que hace enormemente complicada la comunicación y el manejo del enfermo.
La desorientación se hace tan evidente que el enfermo se pierde en lugares muy familiares e incluso dentro de la propia casa. Ya no sabe el día, el mes o el año en curso y, más aún, pierde la noción del tiempo. Los fallos se hacen muy llamativos en tareas tan sencillas como usar los cubiertos, los utensilios de aseo o el vestirse. Pierde totalmente la capacidad de resolución de problemas y resulta muy difícil razonar con él ya que tiene muy alterado su pensamiento abstracto y su habilidad para crear conceptos o entender bromas o dobles sentidos.
Aparecerán también fallos en el reconocimiento de objetos y personas. El enfermo puede incluso dejar de reconocerse a sí mismo y ponerse a hablar con su imagen reflejada en el espejo. Ésta es la fase en que se presentan los trastornos conductuales y psicológicos que más incapacitan al paciente y más sobrecarga producen en el cuidador. Aparecen las ideas delirantes de robo, de persecución, de celos. Si el enfermo no recuerda dónde guarda las cosas, puede elaborar la idea delirante de que alguien le está robando. No es raro que ese alguien a quien se acusa sea el propio cuidador, con la consiguiente sobrecarga y fuente de sufrimiento.
Pueden aparecer los falsos reconocimientos ("Tú no eres mi hija", "tú eres una impostora, te pareces mucho a mi mujer pero no eres ella"). El no reconocimiento del entorno puede llevar al paciente a demandar constantemente que le lleven a su casa puesto que ya no la ve como la suya. Se comprende bien la enorme sobrecarga que las ideas delirantes de celos o infidelidad pueden inducir en el cónyuge sano. Entre las alucinaciones predominan las visuales. Pueden ser poco angustiantes (el enfermo ve a su madre y habla con ella) o muy estresantes y originar irritación o agresividad (se ven personas o animales que amenazan).
La agitación se define como una conducta inadecuada, inexplicable para las condiciones del enfermo pero que habitualmente expresa incomodidad por su parte. Tiene distintas formas de manifestarse que varían mucho en intensidad, desde las conductas no agresivas verbales (chillar, quejarse, interrumpir, repetir frases o sonidos) o físicas (inquietud, manerismos, esconder cosas, vestirse de manera inadecuada) hasta las conductas agresivas (insultar, maldecir, agarrar, empujar, golpear). Los trastornos del ritmo vigilia-sueño y el insomnio pueden ser una fuente de gran sobrecarga para el cuidador en esta fase.
En esta fase moderada se ha perdido la capacidad para llevar a cabo actividades instrumentales de la vida diaria y comienzan los primeros problemas con el vestido, desde las primeras dificultades para elegir la ropa adecuada hasta la imposibilidad de ponérsela sin ayuda. Hay dificultad en la realización y secuenciación de los actos motores del vestir y problemas en el reconocimiento de las prendas o la propia imagen corporal. Algunos enfermos presentan ya incontinencia urinaria en los últimos estadios de esta etapa.
En la última fase, la fase grave, que se inicia tras seis u ocho años de enfermedad, se conservan únicamente mínimos resquicios de actividad cognitiva. Se pierde totalmente la capacidad de expresarse, quizá puedan mantenerse algunos monosílabos o formas de lenguaje automático (rezos, secuencias, canciones) y la capacidad de comprensión está abolida. El enfermo ya no utiliza las manos aunque conserva la fuerza en ellas. Se va perdiendo la capacidad para andar. Aparece rigidez muscular, lo que puede dificultar enormemente la administración de cuidados. Se van adoptando posturas en flexión de brazos y piernas que llevarán finalmente a la "postura fetal". Se pierde totalmente la capacidad de mantener el control de los esfínteres anal y vesical. Hay pérdida de apetito y aparece la negativa a comer. El enfermo va quedando "encamado" y aparecerán distintas complicaciones, como las úlceras de decúbito, infecciones urinarias de repetición o neumonías que, en última instancia, serán las causantes de la muerte.
En esta fase grave de la enfermedad todavía pueden presentarse algunos trastornos conductuales de agitación, agresividad verbal o física, insomnio o la ya mencionada negativa a recibir alimentos o cuidados. Puede ocurrir que el enfermo presente instantes de claridad mental y lenguaje coherente que llenan de esperanza al cuidador pero que van y vienen como un rayo.
fuente: www.cun.es